Mariana Carbajal
Las horas se vuelven interminables, pero estoy decidida a enfrentar lo que está sucediendo con Denn. Su silencio me llevó al límite. Así que, en cuanto salgo del hospital, voy directo a su departamento.
El trayecto en el ascensor se me hace eterno. Los nervios intentan apoderarse de mí, me aprietan el pecho, pero me obligo a respirar. Esto se acaba ahora.
Llamo a su puerta. Nadie responde.
Insisto una segunda vez. Esta vez, escucho movimiento del otro lado. Pasos. Un roce. Fina