Denn Stuart
Sabía que su visita no tardaría en llegar. Pasaron varias semanas sin recibir una sola llamada de mi padre, pero con Demian Stuart las cosas siempre ocurren a su tiempo, nunca al de los demás.
Frente al gran ventanal permanece de espaldas, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón, observando la ciudad como si le perteneciera.
—Padre —digo al entrar en mi oficina, solo para anunciar mi presencia—. No te esperaba.
—Por supuesto que no me esperabas, Denn —responde sin girar