Denn Stuart
Mi padre no responde de inmediato. No levanta la voz, no discute, no se defiende. Ese silencio suyo es peor que cualquier castigo.
Asiente apenas, un gesto casi imperceptible, como si acabara de tomar una decisión irrevocable.
—Si ese es el camino que eliges —dice al fin, con una calma helada—, no seré yo quien te detenga.
Camina hacia la puerta sin mirarme.
—Pero recuerda algo, Denn —añade con la mano sobre el picaporte—. Los Stuart no rompen lazos sin pagar un precio. Realmente pi