Mariana Carbajal
No me muevo.
No bajo la mirada.
No les regalo ni una grieta por donde puedan colarse.
Aprieto los dedos con calma estudiada mientras el salón estalla en aplausos. Sonrío apenas, lo justo para no delatar la herida abierta bajo mi piel. Nadie debe notar cómo algo se rompe en silencio dentro de mí.
Levanto el mentón. Si este es el escenario que eligieron para humillarme, entonces aprenderán que también sé resistir de pie.
No hoy. No aquí. No frente a ellos. No pienso derramar ni