Mariana Carbajal
Lejos de la audiencia, Catalina detiene nuestros pasos, asegurándose de que no haya nadie que pueda escuchar lo que estamos a punto de decir.
—¿Estás bien, Mariana? —pregunta, con una preocupación que no intenta disimular.
Asiento con un leve movimiento de cabeza.
—Sabía a qué me enfrentaría si decidía venir —respondo—. No podía esperar menos.
Catalina aprieta los labios, conteniendo algo más profundo que la rabia.
—Lo siento… pero espero que todo esto valga la pena y los