Denn Stuart
Al finalizar el día, tomo mi saco y las llaves, dirigiéndome hacia la puerta de mi oficina. Me invade una expectativa silenciosa: en unos minutos estaré a solas con Mariana, lejos de la atención constante y de las miradas inquisitivas que nos rodean en este lugar.
Sin embargo, mi intención de salir a su encuentro se ve abruptamente interrumpida por una presencia indeseada.
Cristina.
—¿Qué haces aquí, Cristina? —pregunto sin ocultar la falta de interés—. Ya deberías haberte marchado