El eco de los audios de su madre aún vibraba en el pecho de Ava cuando bajó a la planta principal. Llevaba el teléfono nuevo apretado en la mano, como un escudo. No buscaba pelea, solo quería salir a respirar, pero Richard la esperaba al pie de la gran escalera de mármol, con una copa de coñac en la mano y una expresión que prometía tormenta.
Beatriz estaba sentada en el sofá cercano, fingiendo leer una revista, pero sus ojos brillaban con la anticipación de quien sabe que está a punto de prese