Al día siguiente, después de un desayuno reconfortante de panqueques calientes bañados en miel, el ambiente en el pequeño departamento se sentía más ligero.
Emily había despertado con mejor semblante y, acompañada por Daisy y Leila, se dirigieron al centro comercial de la ciudad, directo a la tienda de ropa para niños.
El lugar estaba abarrotado de colores brillantes, estantes repletos de prendas diminutas y el murmullo constante de otras familias haciendo compras.
—¡Ay, Dios mío, Leila! Tene