Una semana después de aquella fatídica tarde en la que el veneno de Teresa Bemont se derramó sobre el mostrador, Leila se encontraba de pie detrás de la vitrina principal de la panadería.
Su rostro, habitualmente sereno a pesar de las cicatrices del pasado, reflejaba una mezcla profunda de molestia, irritación y una tristeza sorda que se le incrustaba en los huesos.
El aire en Sweet Bee's ya no se sentía tan liviano.
El dulce aroma de la masa recién horneada parecía luchar contra una capa inv