(POV de Teresa)
El viaje de regreso a la mansión Bemont se sintió como una tortura de alta velocidad.
Sentada en el asiento trasero del Mercedes Benz, con Irene ajena a todo a mi lado, aferrada a su maldito oso de peluche, sentía que la sangre me hervía dentro de las venas con una intensidad que amenazaba con hacerme perder los estribos.
Mantuve la mirada fija en el paisaje urbano que se difuminaba a través de la ventana polarizada, apretando la mandíbula hasta que los músculos de la cara me