—Creo que deberíamos convertir eso en un póster gigante y pegarlo en medio de la calle —dijo Daisy en tono sombrío, señalando con el dedo el certificado de inspección sanitaria oficial que colgaba limpio y enmarcado en la ventana delantera.
Leila había superado la rigurosa revisión del departamento de salud hacía apenas unos días con las mejores calificaciones posibles, demostrando que la cocina estaba impecable.
—El señor Connor está empezando a creer en las reseñas falsas —murmuró Leila, apo