El eco profundo de las palabras de Chris todavía resonaba en el aire, ofreciendo a Leila un refugio emocional que jamás pensó encontrar en un hombre de su calibre.
Sin embargo, la burbuja de intimidad y complicidad que habían construido en medio de la penumbra azulada del acuario se rompió con delicadeza.
Una pequeña mano, tibia y cargada de una insistencia puramente infantil, comenzó a tirar con firmeza de la falda del vestido marrón de Leila.
Emily, con sus dos coletas perfectamente alinead