El dolor desgarrador en la voz de Emily perforó las últimas defensas de Leila, dejándole un frío insoportable en el pecho.
Ver a su pequeña temblar de esa manera, reviviendo el trauma del abandono y la muerte de Delia, era una tortura que no le deseaba ni a su peor enemigo.
Leila se arrodilló por completo, ignorando la harina que ensuciaba el suelo y la presencia de los tres hombres que observaban la escena en un respetuoso y conmovido silencio.
Tomó el tierno y pequeño rostro de su hija ent