El aire en la cocina se volvió denso, casi imposible de respirar.
Las palabras de Daisy flotaban en el espacio como fragmentos de vidrio flotando en el agua, amenazando con cortar la frágil realidad que Leila había intentado construir con tanto esmero durante las últimas horas.
Un pánico frío, visceral y paralizante se arrastró por su columna vertebral, amenazando con sobrepasarla por completo y hacerla caer de rodillas sobre el suelo cubierto de harina.
Sintió que el pulso le latía con fuer