Valeria se llevó una mano al rostro para secarse las lágrimas antes de tomar las cenizas de su hermana. Le era difícil aceptar que no le quedaba nada más de su hermana que esa urna de madera. Su mente se llenó de recuerdos, de su sonrisa radiante, su ingenio, su capacidad para ver lo mejor en los demás… siempre tan confiada.
Un suspiro salió de sus labios.
—Te acompañaré a casa —dijo Pia, su mejor amiga, interrumpiendo sus pensamientos. Valeria le dio una sonrisa de agradecimiento y asintió.
Las