Valeria se reclinó en su silla y sonrió con satisfacción al ver el resultado de su trabajo. Finalmente había terminado y, sin querer parecer pretenciosa, sabía que era perfecto. Al levantar la mirada, se dio cuenta de que era la única persona que quedaba en la oficina. Sus compañeros se habían ido hace un rato, pero ella había preferido quedarse hasta terminar su último pendiente debido a que no le faltaba demasiado.
Miró el reloj en la pantalla de su ordenador y notó que casi eran las ocho de