—Tienes los ojos rojos —dijo Kassio, con el ceño fruncido—. ¿Has estado llorando?
Sienna rodó los ojos. Estaba delante de él lista para darle el sermón de su vida, pero él parecía más preocupado por su bienestar. Era demasiado tierno y parte de su ira se esfumó.
—Por supuesto que he estado llorando. Crees que los reporteros se creerían que soy la novia afligida si no derramara ni un par de lágrimas. Puede que no me avisaran con tiempo —dijo entre dientes—, pero sé que hay que hacer para mantene