Sienna colocó las manos en los hombros de Kassio y las deslizó hacia su pecho. Dejó un beso en su mejilla y miró el documento en su mano. Ni siquiera hizo el intento de entender lo que decía allí. Era una suerte que su hermano y su primo se hubieran hecho cargo de la constructora porque nunca había sentido ningún apego por la arquitectura y mucho menos por los negocios.
—Deberías descansar un rato —comentó—. Has estado trabajando sin parar durante todo el día.
—Lo sé y lo siento, pero tenía que