Valeria dejó escapar un quejido al abrir los ojos y los volvió a cerrar inmediatamente. Tenía una jaqueca insoportable, y la luz del día no hacía más que empeorarla. Mientras yacía recostada, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a llenar su mente, aunque muchos de ellos estaban borrosos. Ni siquiera podía recordar cómo había llegado a la cama, ni en qué momento se quedó dormida. De todas las decisiones posibles, la peor que había tomado era embriagarse frente a Maxim. Solo esperaba no