Ver trabajar a Natasha era la cosa más fascinante, y sexy, que Domenico había presenciado. Durante la última hora no se había perdido ninguno de sus gestos o movimientos. La forma en que mordía la punta de su lapicero cuando estaba concentrada, su entrecejo fruncido cuando tenía una duda, y la sonrisa emocionada al entender algo.
En más de una ocasión había tenido que tomarse un tiempo para concentrarse en lo que estaba diciendo. Sentía que el poco control que poseía se deslizaba entre sus dedo