Domenico miró el escritorio vacío de Natasha y frunció el ceño. Había transcurrido dos semanas desde que ella había empezado a trabajar para él y Domenico se había apegado a su plan… Bueno, casi. No la había tocado, pero no había podido resistir el impulso de pasarse frente a su escritorio un par de veces al día, con cualquier excusa. Se aseguraba de no romper más su regla, haciendo algo como hablarle o quedarse por mucho tiempo. Un solo vistazo, eso era todo lo que se permitía.
Se acercó a su