Maxim dejó un beso en la nuca de Valeria. Ella soltó un leve quejido y giró el rostro hacia él. Una sonrisa adornó su rostro al verlo y sus ojos se iluminaron con calidez. Negar que le encantaba cómo su expresión cambiaba solo con verlo sería absurdo.
—Buenos días —dijo ella con la voz ligeramente ronca por el sueño.
—Buenos días, encanto. —Maxim se acercó brevemente a ella y le dio un beso en la frente—. ¿Qué te parece si nos quedamos en cama todo el día? —propuso, deslizando una mano lentamen