Maxim levantó a Valeria con ambas manos y ella envolvió las piernas en torno su cintura. Un rugido grave se escapó de su garganta cuando el núcleo caliente de Valeria rozó su miembro a través de la ropa.
Comenzó a caminar hacia su habitación, aunque se detuvo más de una vez en el camino porque era incapaz de dejar de besarla. Valeria lo estaba enloqueciendo con sus pequeños gemidos, las sutiles caricias que deslizaba sobre su espalda por debajo de la camisa, y su cálido aliento que le rozaba el