•Samuel•
Está hermosa con ese enterizo.
¡Joder!
Terminamos de comer, pagó la cuenta y la tomó de la mano, esta noche no la soltaré.
Caminamos por la plaza, muchas miradas caen en nosotros, paso mi brazo por sus hombros y beso su cuello.
—Sam...—chilla—, nos están mirando.
—Que nos miren—bajo mi mano y pegó una nalgada, haciendo que de un brinco.
Abre los ojos hasta más no poder.
—¡SAMUEL!
—Ya, ya —detengo un taxi y subimos en el.
—Hotel Indigo Seattle Everett —informó al chófer y me