Una pequeña llama. Si, era lo que hacía falta para avisar la tensión sexual que había entre ellos. Y ambos lo sabían. Más que consciencia ya era una necesidad de sus cuerpos. Aunque intentaban no pensar en ello, sabía que la piel llamaba a la piel y ambos ya sabían lo que era sentir el orgasmo correr por sus cuerpos sumidos en las feromonas.
Por lo que el estremecimiento que sentían ahora, con el cuerpo del más grande sobre el más pequeño, la pierna del alfa entre los muslos del omega, las mano