ISABELLA
Ver a Sarah entrar y salir de la casa empezó a destruirme más de lo que quería admitir.
Al principio intenté convencerme de que no me importaba, de que Damian tenía derecho a hacer lo que quisiera porque claramente ya no quería nada conmigo, pero era mentira. Cada vez que la veía atravesar la puerta principal como si perteneciera ahí, cada vez que escuchaba el sonido de sus tacones por los pasillos o encontraba una copa de vino olvidada en la oficina de Damian después de que ella se