Para decir la verdad, esto era un juego que Lucía y yo habíamos acordado en algún momento. Si uno estaba enfadado y el otro no sabía por qué, el enojado podía usar este método para dar una salida al otro. Pero eso era cuando aún teníamos sentimientos por el otro.
Además, casi siempre era yo quien "recargaba" el juego. Lucía solía ignorarlo por completo, solo compitiendo por ver quién se enfadaba más tiempo.
Pero ahora, el importe parecía algo extraño. Mientras lo pensaba, un amigo que no sabía d