—Juro que no entiendo por qué no me puedo ir. Ya estoy bien. Llevo más de un mes en rehabilitación… ―se quejó Denise mientras la enfermera la ayudaba a sentarse en la cama, a la hora del almuerzo.
―Cariño, no falta tanto. Sé que ha sido un mes complicado para ti, pero es por tu bien ―dijo la mujer con una sonrisa, colocándole una pequeña mesa plegable sobre su regazo, antes de depositar sobre esta la bandeja con la comida.
―Pero el doctor Lynch me dijo que estoy bien, que me he recuperado perfe