Al llegar al edificio en el que se encontraban las oficinas de la cristalería Warren, Liam se detuvo un minuto ante la puerta y suspiró, antes de entrar y encaminarse hacia la recepcionista.
Había decidido ir solo, por lo que, de camino hacía allí, había dejado a Antaine en el bar, a pesar de que este, preocupado, se había ofrecido a acompañarlo. Sin embargo, Liam se las había arreglado para convencerlo de que no era necesario. No había nada de lo que preocuparse, tan solo era un poco de inform