Antaine observaba detenidamente a Liam, quien se encontraba sentado en uno de los bancos de la iglesia con la mirada perdida mientras sus labios se movían frenéticos, formando palabras que él era incapaz de oír desde donde se encontraba, dado que le había dado el espacio necesario para que estuviera cómodo y pudiera dejar fluir todo lo que sentía. Sabía a la perfección que su hijo continuaba sin creer en todo aquello, sin embargo, podía notar que se había aferrado a esa rutina como si tratase d