Cuando terminó de cenar, pidió la cuenta y no pudo evitar agradecerle a la mujer por su excelente atención y la exquisita experiencia; ya que, si bien había pedido un plato sencillo, tenía que reconocer que jamás había saboreado nada tan sabroso como aquel bistec con papas grilladas y ensalada de col.
Mientras caminaba por las calles de Tramore, de regreso al hotel, sintió como diminutas gotas comenzaban a golpear su cabeza. Suspirando, dirigió la mirada hacia el cielo y sintió la humedad de la