El persistente sonido del móvil sacó a Denise de su tranquilo sueño. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero sentía que no había sido lo suficiente como para recuperarse del todo. Durante los primeros minutos, intentó ignorar la penetrante música de su teléfono, hasta que no pudo soportarlo más, por lo que, bostezando, se sentó en la cama, tomó el bendito aparato y atendió la llamada, sin siquiera ver de quién se trataba.
—Hola —dijo con la voz adormilada y los ojos cerrados.
—Buenos días. ¿