Respiraba entrecortadamente, sintiendo como si mis pulmones estuvieran a punto de estallar. Finalmente, aliviada, levanté la mirada y vi al hombre frente a mí, empapado y emanando una seductora masculinidad. No pude contenerme y rompí a llorar, convirtiendo toda mi frustración en golpes contra él. Carlos atrapó mis manos y, sin importarle mis esfuerzos por zafarme, comenzó a quitarme la ropa.
—Decido yo si seguimos juntos o no.
—No tienes derecho a burlarte de si me acuesto contigo o no.
Me s