Carlos se quedó en silencio, y la llama de deseo en sus ojos se fue apagando poco a poco.
Hizo un gesto con la mano y los sirvientes se retiraron, dejándonos solos en el espléndido salón.
No fue hasta que terminé de firmar que Carlos me permitió ponerme de pie. Me giró para enfrentarme a él, y sus oscuros ojos me miraron fijamente. A pesar de no decir una palabra, sentí que en ese momento nuestras almas se entrelazaban, creando una conexión profunda y casi indescriptible.
Sentí que nuestras a