Carlos parecía haber olvidado que Sara aún estaba durmiendo en la cama.
Cerró la puerta de la habitación con un ruido fuerte.
Pero no importaba; Sara no estaba dormida, ya lo había notado desde el momento en que entré a la habitación.
Tenía los ojos cerrados, pero sus pestañas temblaban constantemente.
No sé si estaba enfadada o si era alguna otra emoción, y la verdad, no me importaba.
Habían pasado cinco días sin intimidad con Carlos, y ese deseo reprimido explotó sin reservas esa noche.