Ahora Margaret está muy nerviosa, va y viene caminando por su salón; quiere planearlo todo
hasta el mínimo detalle. No deja de pensar en las palabras más convenientes para dar jaque mate
al señor Carruthers; y cuando cree haberlas encontrado, se las repite en voz alta. Pero nunca le
parecen del todo adecuadas. ¡Qué caramba! No resulta fácil desafiar a duelo a una persona
semejante.
Margaret se detiene. Coge en sus manos el teléfono, llama la librería y pide que le pasen con
Morgan. La cajera lo