Ahora Margaret está de nuevo sola en su museístico salón-biblioteca, meditando. Piensa que
ella a ese muchacho húngaro amigo de Morgan ni siquiera lo conoce. Desde luego, es una historia
particularmente injusta. Pero ella ¿qué tiene que ver con el asunto? Ella es una intelectual y no
tiene responsabilidad social alguna. Está convencida de que la tarea de una escritora es la de
hechizar, la de describir el mundo y desvelarlo a quienes no logran verlo realmente.
Más que una revolucionaria, siempr