Ahora Imi está lleno de rabia y dolor. Quieto sobre el puente de Embankment, no deja de
llorar. Todos pasan a su lado con indiferencia, sin mirarlo siquiera. Tal vez tengan miedo de sus
lágrimas, o tal vez estén envidiosos porque, desde hace ya demasiado tiempo, son incapaces de
llorar. Los ingleses son así. Muy corteses. Si te tropiezas con uno por la calle, es él quien te pide
disculpas. Y dicen continuamente «lo siento». Pero casi nunca es verdad.
Es hora punta, hay un montón de gente con pr