El jet privado del señor Carruthers acaba de aterrizar en Zúrich, una ciudad-teatro en la que el
espectáculo de la perfección está en escena sin alteración desde hace ya siglos, para un público
formado exclusivamente por gente rica, representando una y otra vez con éxito un impecabilidad
alejadísima del corazón.
En Zúrich, en esa fortaleza del bienestar, en esa ciudad perfumada por el viento y predilecta del
destino, todo sucede de manera tan previsible y tranquilizadora que la muerte accidenta