Costa de Marfil, acompañados por una danza con el cuer
po untado en aceite de lino aromatizado con jengibre.
En realidad, Nueve ya no quería seguir escuchando.
Quería tomar a Sandra de un brazo y salir corriendo ha
cia su cuarto para que al día siguiente todo volviera a ser
como siempre y estuviera el mate sobre la mesa de la cocina y el viejo preparándolo y él esperando para saber qué
había que hacer ese día. Pero también estaba seguro de
que, si hacía eso, no habría mate ni cocina ni ó