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primeras horas del día eran duras para él. Se había acos

tumbrado a que cuando aparecía por la cocina ya estábil

el mate listo y alguna cosa para masticar. Ahora, esas pe

quenas ceremonias cotidianas tenían que encontrarlo a él

como planificador, antes que como ejecutor. Eso le moles

taba porque le indicaba a fuego que Eleazar ya se había ido,

que no iba a volver, que él estaba solo de nuevo y que el

mundo volvía a estar lleno de enemigos. Además, el negó

ció tenía que estar abierto más
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