La madre no está y el funcionamiento de la casa queda
a su cargo.
—Hola, Sandri —saludaron los hermanos menores.
—Hola, enanos —dijo la nena. Bardo no estaba todavía.
Buscó en la heladera, buscó en el armario y preparó todo
para el almuerzo. Cuando estaban por terminar, llegó el
hermano mayor.
—¿Te sirvo? —preguntó Sandra, sin averiguar sobre
las causas de la demora.
—No, ya comí por ahí —respondió él, sin explicar nada. Pocas palabras hay en la casa. Bardo no es de muchas
y Sandra ha