32.Prométeme que siempre estaremos juntos.
Alexander se sintió relajado en el instante en que esos brazos lo rodearon. Era impresionante cómo su cuerpo reaccionaba al tacto de Francesca, diferente de cualquier otra, incluso de aquellas a quienes había creído amar.
—Es muy pronto para que estés despierta —dijo Alexander, girando para tenerla de frente y rodeándola en un abrazo más apretado de lo normal, como si lo que acababa de ocurrir pudiera arrebatársela.
—No puedo dormir si tú no estás a mi lado —respondió Francesca, haciendo un lig