22. Nadie te culpara.
Antuan tomó la mano de su esposa al notar su impaciencia.
—No te impacientes, mi hermosa luna —le dijo—. Hemos encontrado a nuestra princesa.
Sin embargo, frente a ellos se encontraban todos los integrantes de la seguridad de los Di Angelo, todos betas de la manada Di Angelo, arrodillados y temblorosos.
No solo estaban ante el rey y su luna, sino que también eran interrogados por su señor, el alfa Andrew, quien ocupaba el lugar de su hermano muerto, el alfa de la familia, mientras se esperaba q