En la mansión, Lyra no podía quedarse quieta mientras que el dolor en su costado seguía presente, punzante, recordándole con cada movimiento que debía estar tranquila, pero no era eso lo que la inquietaba en este momento.
Ahora solo pensaba en las palabras del Vargor, caminó por los pasillos con pasos lentos, una mano apoyada en la pared para mantener el equilibrio. Cada respiración le costaba un poco más, pero no se detuvo.
Necesitaba respuestas y sabía dónde buscarlas. Por lo que, cuando