La voz de Ronan seguía afectándola demasiado. Lentamente, giró apenas el rostro por encima del hombro. Sus ojos azules chocaron con los grises del alfa y el aire pareció desaparecer de la habitación, Ronan estaba de pie en la entrada de la cocina, más delgado de lo que recordaba, con las mejillas ligeramente hundidas y sombras marcadas bajo los ojos.
El cabello negro todavía húmedo después de la ducha le caía desordenado sobre su frente. La barba corta endurecía sus facciones, pero no lograba