Ronan permaneció un momento más, observando a la pequeña con una expresión indescifrable. Estaba feliz por su hermano. Genuinamente contento, pero también sabía que Enzo no lo quería allí en ese momento. No del todo. El nacimiento era un momento íntimo, sagrado, y su presencia aún cargaba con demasiadas sombras del pasado.
—Descansen —dijo finalmente—. Si necesitan algo, solo tienen que pedirlo.
Enzo asintió una vez, sin decir nada más mientras que Ronan tomó la mano de Lyra y salieron juntos