El sonido constante del manantial era suave, casi un susurro eterno que contrastaba brutalmente con la violencia que había dejado atrás, Ronan no se detuvo. Siguió el rastro de Lyra como siempre lo había hecho.
Su olor lo guiaba: limpio ahora, mezclado con el vapor del agua y esa esencia única que solo ella tenía. Atravesó los pasillos naturales de piedra hasta llegar a la cámara principal, iluminada por los cristales incrustados en el techo rocoso.
La luz suave bañaba el lugar en tonos azu