-No puede ser, balbuceé desconcertada por la noticia de que Hauss hacía años era finado, nosotras hablamos con él, firmamos un contrato, hicimos fotos a su lado, nos pagó en persona, me dio, incluso, las condolencias por mi marido muerto-
-Yo hice el contrato con usted señorita Pölöskei y le pagué a la señorita Simpson, ¿no lo recuerdan?-, insistió Karlson.
Alondra estaba también perpleja, turbada, empalidecida, sin palabras y sin reacción. Tenía sus pelos parados como clavos, los ojos d