Alondra no fue a trabajar a la agencia, casi una semana entera. Se encerró en su apartamento, y no quiso salir por varios días. Yo no sabía qué hacer. El trabajo se acumulaba, teníamos contratos importantes y yo no sola no podía cumplir con nuestros numerosos clientes. Fui a buscarla no una, sino infinidad de veces a Alondra, pero ella ni siquiera me abría o contestaba mis llamadas. Continuó llorando, imagino, tumbada en su cama, sintiendo que todo el hermoso y delirante futuro que ilusionó t